En busca del Che

La Nacion

6 Noviembre 2005

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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En Buenos Aires, el actor cuenta cómo se asomó por primera vez a la historia de la figura que interpretará en el film de Steven Soderbergh.

 

Relajado y sonriente, Benicio del Toro se acomoda en un sillón del elegante hotel porteño en el que transcurrió los últimos siete días buena parte de su primera visita a Buenos Aires y acerca un habano a su boca con la idea de encenderlo. Lo hace con un movimiento espontáneo y natural, pero a partir del cual es inevitable identificarlo fisonómicamente con la figura histórica que se propuso conocer en este viaje de exploración. Del Toro llegó a la Argentina en busca de Ernesto “Che” Guevara, al que interpretará en la próxima película de Steven Soderbergh, cuyo primer trabajo conjunto (“Traffic”) le dio al actor nada menos que un Oscar y el definitivo reconocimiento internacional. Pero al verlo con su barba descuidada y la mirada puesta en el habano que tarda en encenderse ya no quedan dudas. Mucho antes de un comienzo de rodaje todavía tan impreciso como el perfil definitivo del guión del film, queda claro que no cabe imaginar otro rostro para encarnar a Guevara que el del actor nacido en Santurce (Puerto Rico) en 1967, el mismo año de la muerte del líder político y guerrillero en Bolivia. Parecen la misma persona.

 

En los casi siete días que pasó en nuestro país, al que llegó en compañía del productor argentino Fernando Sulichin (ver recuadro), Del Toro se dio tiempo para algún compromiso mundano, como su presencia en el festejo del cumpleaños de Diego Maradona en Punta Carrasco, pero por sobre todo se dedicó a rastrear datos sobre la vida de Guevara (ver recuadro).

 

“Esto de los habanos es como una combinación entre mis cosas y la búsqueda del personaje. Es que he dejado de fumar cigarrillos y como aquí hay muy buenos habanos...”, dice Del Toro a LA NACION pocas horas antes de viajar a Nueva York, previsto para anoche, con un humor excelente que desmiente el aire taciturno y reconcentrado con el que suele ser descripto en sus encuentros con la prensa.

 

“Me llevo mucho. He aprendido lo que él leyó, lo que él escribió, lo que él decía. Vimos allí parte de su tierra, de su memoria, dichos, amistades que lo conocían de niño... Te doy un ejemplo: he visto una foto de él jugando golf, en Cuba, con Fidel. Y decía, para mí: este hombre no sabía jugar golf. Y ahora cuando voy a Alta Gracia me doy cuenta de que jugaba golf, que sabía, que estaba rodeado por este deporte. Ahora vuelvo a mirar esa foto y la veo completamente distinta. Son ésas”, describe el actor en voz baja, pensando mucho antes de continuar la frase, mientras sólo ocasionalmente recurre al inglés como ayuda para responder en su idioma natal, el español. Y a propósito de idiomas, Del Toro adelantó que en el film se escucharán ambas lenguas, el español y el inglés.

 

El actor, a partir de cuya sencilla vestimenta (campera, jeans y gorra de béisbol) es lo menos parecido a un astro de Hollywood, dice que todavía está aprendiendo a conocer al personaje y que podrá dar una opinión cabal sobre la figura que interpretará en el momento, aún no definido, de comienzo del rodaje. “Estamos, ¿cómo se dice? building. ¡Ah, sí! Construyendo ahora. No hemos abierto todavía las puertas al público”, dice entre risas.

 

–¿Ha hecho en su carrera algún otro trabajo de acercamiento tan minucioso a un personaje?

 

–Tal vez el Gonzo, de “Pánico y locura en Las Vegas”, sea el más parecido. Pero el Che está a otro nivel. Es imposible. Hay que dejarlo claro. Y así, diciendo que es imposible, uno se va relajando un poquito y hasta se anima a hacerlo (más risas). Va a ser una interpretación del director, de los escritores, de los actores. No es una mirada definitiva; no es un documental. La vida completa del Che obligaría a preparar una película de 26 horas. Un año de trabajo. Una serie de dos horas cada semana. De todo esto, vamos a ver si podemos construir algo que sea un personaje dramático, al que se le note el intelecto y el corazón que tenía, y lo humano que era, sus virtudes y sus fallas.

 

–¿Que usted haya estado aquí significa que parte de la película podría filmarse en la Argentina?

 

–No necesariamente. No está en mi departamento (risas). Se ha comentado algo y cuando vuelva les haré algún comentario a los productores. Tal vez pueda hacerse algo aquí, pero no puedo asegurarlo.

 

–¿Cómo sigue su búsqueda del personaje?

 

–Con altas y bajas, seguramente. Lo más seguro es que iré a Cuba en algún momento. Ya he estado allí, pero antes de que supiera que iba a encarnar al Che. Soy un fanático del cine cubano, pero tendré que volver con otros objetivos.

 

–¿Puede decirse que la película que hará con Soderbergh empieza donde termina “Diarios de motocicleta”?

 

–Es distinta. Ahora mismo estamos definiendo cómo se va a hacer el cuento. “Diarios de motocicleta” funciona como tal, orgánicamente, con Guevara y con Granado en ese momento y en ese lugar. Y esperemos que en la película que vamos a hacer pase lo mismo. Todavía no está nada definido, pero el Che que voy a hacer es ya un hombre. Eso sí, en una película sobre Guevara imagino que habrá que correr algunos riesgos, ideológicamente hablando.

 

–En el reparto ya está confirmado Javier Bardem. ¿Qué papel va a interpretar?

 

–¡El que quiera! Si se le ocurre, hasta podría interpretar al Che. No tenemos una fecha para empezar, pero de verdad que todavía no tenemos el guión. Estamos tratando de inspirarnos en los personajes verídicos, pero hay tantos que sería como un festival de personajes pequeños que entran y salen. Necesitamos ajustar las cosas y ése es uno de los desafíos de Soderbergh, con quien casi no necesito hablar. Nos entendemos de memoria.

 

–¿Se lleva más o menos de lo que vino a buscar aquí?

 

–Te lo digo figurativamente. Traje dos maletas y me voy con tres. Me llevo una entera cargada de experiencias.

 

Por Marcelo Stiletano

De la Redacción de LA NACION

 

El aporte decisivo de un productor argentino

 

Benicio del Toro repartió su primera estada en la Argentina, en la búsqueda de datos, huellas e indicios sobre la vida del Che Guevara, entre la Capital Federal y la localidad cordobesa de Alta Gracia, donde visitó –tal como se consignó anteayer en estas páginas– el Museo del Che. También tomó contacto con personas que conocieron a Guevara desde la infancia, como Carlos Calica Ferrer.

 

Además, según pudo saber LA NACION, hubo contactos con funcionarios de alto nivel del Gobierno para tratar la posibilidad de que buena parte del rodaje del film de Soderbergh pueda hacerse en nuestro país.

 

Gran parte de la responsabilidad de la presencia de Del Toro entre nosotros recayó en el productor argentino Fernando Sulichin, viejo amigo del actor y su mano derecha durante todo el tiempo que transcurrió entre nosotros. Activo productor internacional, Sulichin estuvo junto a Oliver Stone en el rodaje de los dos documentales con Fidel Castro, hizo lo propio recientemente con Martin Scorsese en su proyecto sobre el Airbus, trabajó en el premiado último trabajo de Abel Ferrara (“Mary”) y prepara el regreso a la dirección de Michael Cimino con una ambiciosa adaptación de “La condición humana”, de Malraux.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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(Photos by Miguel Acevedo Riú)

 

 

 

 

 

 

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